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Para, por fin, entender las diferencias.

Desde el lanzamiento de la nueva teoría del Plexomarketing, he aportado muchos argumentos de por qué este funciona mientras que el Neuromarketing no siempre.

Veamos ahora de qué se trata toda la polémica.

Los defensores del Neuromarketing, entre los que se encuentran exitosos profesionales reconocidos mundialmente, han mostrado casos con resultados sorprendentes. Claro, uno nunca publica lo que no funciona y hace buen ruido sobre los casos exitosos; sin embargo al mismo tiempo que se aplicó la metodología (NM) en un caso exitoso, se aplicó en un sin número de casos que no lo fueron. Pero sobre estos nadie escribe.

Por otro lado, cuando estudiamos los análisis de neurocientíficos como Molly Crockett sobre las ¨Neuro tonterías¨ refiriéndose al Neuromarketing, encontramos que ella comprueba que las conclusiones publicadas por reconocidos expertos como Martin Lindstrom (New York Times, sept. 30 de 2011), no solo no tienen soporte suficiente sino que están entregando al mundo conclusiones erróneas.

No hay duda de que el cerebro participa del proceso de decisiones del ser humano y obviamente del que he llamado ¨ser humano comprador¨. Pero lo que no se puede afirmar es que cuando una parte del cerebro se impacta (en el ejemplo de Lindstrom, la Ínsula), sea para algo positivo sino que podría suceder justamente, lo contrario. Tampoco se puede afirmar en qué medida participa el cerebro en estas decisiones; tan es así, que al subconsciente le atribuyen entre el 90 y el 95% de los actos del ser humano porque ni se sabe (hasta ahora), cómo se llega a decisiones tan irracionales en los procesos de compra.

Es entonces cuando aparece el Plexomarketing. He llegado a este, a partir del Neuromarketing. A costa de analizar y participar en casos reales; aplicaciones con gran inversión publicitaria, en las que las cosas no funcionaron. Y la estrategia parecía ser correctamente planteada y la comunicación estaba alineada con la estrategia. Sin embargo, los resultados no se dieron. Mientras que al implementar correctivos que obedecían intuitivamente a ¨disparadores¨ de las decisiones menos racionales y menos obvios, los resultados fueron contundentes. Inclusive simultáneamente dos marcas en una misma categoría se enfrentaban, una con guías dadas por el Neuromarketing vs la otra con los lineamientos del hoy llamado Plexomarketing; mientras la primera caía en ventas y perdía participación de mercado con inversiones superiores, la segunda creció ganando participación.

Puedo afirmar que esta vez la teoría (Plexomarketing) no llevó a probar hipótesis en la práctica, sino al contrario. La práctica me fue llevando a la creación de la teoría. Casos completos en los que aplicamos creencias intuitivas y los resultados se dieron. Uno tras otro en los que además corregíamos teniendo en cuenta los errores aprendidos en los fracasos. Fuimos encontrando los disparadores de las decisiones del ser humano comprador, que en cada caso son distintos, pero que en general tienen que ver con miedos, placeres y sentimientos de poder.

Estos tres conceptos los ampliaré en el siguiente artículo sobre Plexomarketing pero por ahora puedo afirmar que éste, es el paso más allá (o más acá) del Neuromarketing.

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